domingo, 8 de diciembre de 2013

El día en el que Alan Moore habló

Hace cosa de una semana podía leer en varias webs acerca de unas declaraciones que Alan Moore había hecho en una entrevista concedida a TheGuardian y que ha disgustado a bastante gente:

“No he leído comics de superhéroes desde que terminé con Watchmen. Odio a los superhéroes. Creo que son abominaciones. No representan lo que solían representar. Estaban originalmente en manos de escritores quienes expandían la imaginación de niños de nueve a trece años. Eso era para lo que estaban hechos y lo hacían de manera excelente. Hoy día, los comics de superhéroes piensan que su público no es el que tiene de nueve a trece años, no tienen nada que hacer con él. Es más un público de 30, 40, 50 o 60 años, normalmente hombres. Alguien acuñó el término “novela gráfica”. Esos lectores se agarraron a eso: simplemente estaban interesados en una forma de excusar su continuo amor hacia Green Lantern o Spider-Man sin que de alguna forma parecieran emocionalmente subnormales. No creo que el superhéroe exista ya para nada bueno. Creo que es una señal bastante alarmante si tenemos un público de adultos que va a ver la película de Los Vengadores y se deleita con conceptos y personajes hechos para entretener a los niños de doce años de los 50.”

Alan Moore
El excéntrico escritor Alan Moore.

Para aquellos que no lo sepan, Alan Moore es una de las personalidades más emblemáticas del comic norteamericano y algunas de sus obras se consideran una referencia obligada. En concreto su serie Watchmen (1986) es probablemente la obra más influyente en el mundo del comic de superhéroes desde que viera la luz en los 80. El otro gran referente de la época sería El Regreso del Caballero Oscuro (1986) de Frank Miller. Ambas aportaban un nuevo enfoque de la figura del superhéroe, supuestamente más adulto.

Y bueno, con estas nuevas declaraciones del apodado Bardo de Northampton muchos fans y lectores de comics de superhéroes se han sentido profundamente ofendidos y traicionados pero creo yo que todo ello no es sino el resultado de la incomprensión de la obra de Moore en general y de Watchmen en particular.

Los superhéroes son mostrados en Watchmen desde un punto de vista desmitificador y, presumiblemente, realista. Tanto así que solo uno tiene superpoderes y no deja de ser un ídolo con pies de barro. Todos ellos, en mayor o menor medida, se alejan del superhéroe prototipo presentando inseguridades, complejos, ambigüedades morales etc. acercándose más a lo más patético de la condición humana.

Ilustración de los personajes de Watchmen
Los superhéroes disfuncionales de Watchmen

Lamentablemente el tono desmitificador de Watchmen gustó demasiado. Hubo quien lo entendió y hubo quien no, pero a todo el mundo le gustó. Los superhéroes dejaban de ser tan distantes, ya no eran intachables, era más fácil identificarse con alguien que tenía imperfecciones y era susceptible de ceder en momentos de debilidad. De repente, todos los superhéroes debían ser más ambiguos moralmente, más oscuros, malotes. Raro fue el personaje clásico que no contó con una versión oscura, de una forma u otra, durante finales de los 80s y los 90s. Y desde entonces muchos autores intentan dar la siguiente vuelta de tuerca al género haciendo lo mismo que creen que hizo Moore. En realidad Moore no actualizó al superhéroe a los tiempos que corrían sino que se limitó, con pesimismo creo yo, a mostrar, como experimento eventual, lo patéticos que serian esos personajes, que él consideraba para niños, en  un mundo real. Watchmen era, en cierto modo, una parodia.

Así que la verdad es que no me sorprende demasiado que Moore, a pesar de todo lo que haya hecho dentro del género, declare ahora que piensa que solo es para niños. Realmente no se contradice y de hecho, si nos paramos a recordar, lo que hizo hace unos años para Supreme en Image no fue otra cosa que una carta de amor al Superman de los años 50s, cuyos lectores eran, efectivamente y de manera mayoritaria, niños. Es curioso porque Image, editorial fundada en los 90s, fue la principal promotora de esta nueva oleada de "héroes oscuros" y el propio Supreme no era otra cosa que una versión violenta de Superman hasta que Moore se hizo cargo de los guiones... ¿Estaba intentando decirle algo a la industria?

Portada del número 41 USA de Supreme escrito por Alan Moore
El Supreme de Image en versión de Alan Moore

Es normal pues, que Moore abomine de unos superhéroes, los actuales, que para nada son aquello que él cree que deben ser, sobre todo cuando es uno de los responsables, por accidente, del superhéroe "complejo" moderno. Los lectores han mitificado lo que él hizo como desmitificación, han glorificado lo que debía ser despreciable y se debe en cierto modo a eso que el mismo Moore apunta, a que muchos, en el fondo, tampoco creían en el superhéroe como un concepto admisible para un adulto y vieron en cosas como Watchmen la manera de perpetuar, y justificar, su amor por aquellos personajes. Justificarlo no solo ante los demás, si no ante sí mismos. Y es algo que estamos viendo continuamente desde entonces, cada vez que se desvirtúa según que personajes para “actualizarlos”, para hacer “una versión adaptada a los nuevos tiempos”, que no es otra cosa que adulterarlos para que se adecuen a una forma, pesimista, escéptica, de ver las cosas.

Finalmente, aunque puedo entender que Moore piense que el superhéroe es una utopía solo contemplable desde el punto de vista de un niño, y que solo es útil como medio de ayudarles a desarrollar su imaginación, no lo comparto. De la misma forma que no lo compartían otros autores contemporáneos suyos que, en los 70s y 80s, escribían tramas complejas tan aptas para esos niños como para adultos y cuyos personajes principales seguían siendo héroes prototípicos. Tampoco hay que subestimar la capacidad comprensiva de un niño de nueve años. Desde mi punto de vista es tan fácil creer en la integridad del superhéroe prototípico como lo es en las versiones de Watchmen, ya que en definitiva no se trata de otra cosa que de creer en las personas, en la bondad del ser humano.

Y si, ciertamente el término “novela gráfica” es un eufemismo ridículo creado por gente que creía que con ello aportaba cierto rasgo de madurez a lo que toda la vida habían sido comics (o tebeos que los llamamos en España).