martes, 4 de febrero de 2014

Avatar: Pocahontas, princesa de Dune

Un planeta inhóspito, salvaje, en proceso de colonización debido a un valioso recurso natural que solo se puede encontrar en él. Uno de estos invasores, el protagonista de la historia, no tarda en cuestionarse su postura tras conocer a los nativos del lugar y especialmente a uno de ellos, una chica, de la que se acaba enamorando y la cual se convierte en su principal conexión con el pueblo nativo. Estos indígenas le enseñan como cabalgar sobre unas criaturas monstruosas que existen en el planeta y es precisamente el hecho de cabalgar a lomo de una de ellas, la más grande, lo que acaba convirtiéndolo en alguna suerte de elegido que acabará liderando a los indígenas en la rebelión contra los colonizadores. Si, efectivamente, este es el argumento de Dune (1982) de David Lynch… 

Si tuviéramos que destacar algo de Avatar (2009) probablemente sería el avance cualitativo que supuso en materia de efectos especiales a la hora de crear esos personajes digitales que son los na’vis. Además aparecen hermosos paisajes y es entretenida con lo cual sus dos horas y medias de metraje no se hacen largas en absoluto. Y no creo que sea una mala película, sin embargo considero que está sumamente sobrevalorada.

Paul Atreides y Chani, los protagonistas de Dune
La máxima expresión del héroe de las mil caras de Joseph Campbell.

El primer gran defecto de Avatar es el argumento, que, como vemos, es prácticamente el mismo que el de Dune de David Lynch (y supongo que el de la novela de Frank Herbert). Otra referencia, más evidente, es Pocahontas (1995). Hay quien opina que también se parece a Bailando con lobos (1990), pero creo que en ese caso el parecido es mucho más leve, y a la película de animación Ferngully (1992), que no he visto, con lo cual no puedo opinar. Por desgracia ahí no termina lo trillado del argumento y recurre a muchos tópicos con lo que acaba resultando una historia excesivamente previsible desde el principio. Por si fuera poco hace uso de un recurso habitual en el cine que básicamente consiste en que, para usar algo durante el desenlace y que no parezca tramposo, hay que declararlo previamente: Por ejemplo, cuando presentan la idea de los avatares, al verla por primera vez lo que a uno se le pasa por la cabeza es ¿Qué va a ocurrir para que la mente de Jake Sully, el protagonista, pase definitivamente a su cuerpo na’vi, su avatar? Porque sabes que eso va a pasar, está claro que Neytiri, la chica azul, no se va a quedar con él en su forma humana sino con su versión na’vi. Pues bien, en algún momento de la película tenemos la escena en la que la única forma de salvar a una moribunda Grace (Sigourney Weaver) es pasar su mente a su avatar, dejando claro y justificando qué es lo que va a pasar al final con el protagonista. Por otro lado tenemos la escena en la que  Neytiri menciona a su antepasado, que una vez montó al monstruo volador grande… ¿Realmente a alguien se le escapa en ese momento que el protagonista acabará haciendo lo mismo? ¿No, verdad? La película es tan terriblemente previsible que cuando ves al jefe de la tribu inmediatamente sabes que es el padre de la chica azul, cosa que solo tarda unos segundos en desvelarse.

Otra cosa a tener en cuenta es que la mayoría (por no decir todas) de las criaturas que vemos son fácilmente identificables como lo que, de manera muy obvia, son: caballos, monos, una pantera negra… Me recuerda a aquel capítulo de Battlestar Galactica (1978) en el que, para darle un toque alienígeno a un caballo, lo pintaron con rayas de tigre y le añadieron rugidos en postproducción. Salvando las distancias, la originalidad en los diseños de las criaturas de Pandora brilla por su ausencia y las criaturas fantásticas que hayamos podido ver en otras películas anteriores no tienen absolutamente nada que envidiarles. En realidad esto no supone un gran defecto pero que no quieran vendernos que James Cameron se llevó no sé cuantos años desarrollando todo un nuevo mundo con criaturas únicas.
 
Escena de Battlestar Galactica (1978)
El caballo-tigre del episodio El Guerrero Perdido de Galactica

El guión tampoco ayuda precisamente al argumento y nos encontramos con un Jake Sully, ex marine que, para serlo, adolece de una completa falta de disciplina elemental e incluso se comporta con frecuencia como un niño de cinco años poseído por un exceso de cafeína. Solo eso puede explicar que le cueste tanto estarse quietecito cuando el personaje de Weaver le ayuda a meterse en la máquina que sirve para conectarse al avatar o, que una vez en ese nuevo cuerpo, salga corriendo cuan Forrest Gump poniendo en peligro al personal e instalaciones del asentamiento.

Como he dicho los efectos especiales están bastante conseguidos pero no deja ser el siguiente paso en la evolución de los efectos por ordenador a la hora de crear "actores" digitales y de la cual los últimos avances nos habían llegado con la saga El Increíble Hulk (2009), Beowulf (2007) o la saga de El Señor de los Anillos. Si, es cierto que los resultados son mejores pero no existe un salto cualitativo grande y, de hecho, la mayor diferencia con otros personajes digitales es la que apreciamos en un personaje en concreto, en Neytiri, en su expresividad, lo que me da a entender que quizás se deba más al buen hacer de Zoe Saldana, la actriz que la interpreta, que a los efectos en sí.

Finalmente, y quizás lo más grave, es que algo que se suele destacar de la película es su mensaje ecologista… lo cual resulta algo hipócrita si nos paramos a pensar que en ningún momento se cuestiona el hecho de usar la manipulación genética para crear seres vivos híbridos, con el cerebro inutilizado, para ser usados como… disfraces o trajes de astronauta.
 
El híbido na'vi en animación suspendida.
El avatar, un híbrido en coma permanente, resultado de la experimentación genética.

Resumiendo, ciertamente Avatar no es una mala película, cumple su función de entretener y se hace muy ligera al asentarse firmemente sobre un argumento mil veces probado, unos personajes exóticos y simpáticos (los na’vi) y un montón de bonitos paisajes. Por otro lado no ofrece absolutamente nada que no se haya visto antes, no sorprende, no te hace pensar y básicamente te levantas del asiento tal y como te sentaste a verla.