martes, 13 de enero de 2015

Doctor Who o el nuevo Peter Pan

Hablemos del Doctor... pero será mejor que empiece por el principio, retrocediendo hasta finales de los 80s, cuando empecé a saber de la serie. Por aquella época solo teníamos dos canales, los dos de TVE, y por aquí abajo no teníamos televisión autonómica. A veces, por curiosidad, me ponía a leer la programación de los canales autonómicos en la revista Teleindiscreta. Creo recordar que venía la programación de la Comunidad Valenciana, de Baleares y de Cataluña. Leía lo que emitían aquellos canales e intentaba imaginarme como eran aquellos programas y series. Y bueno, entre aquellas series que emitían aquellos canales autonómicos, había una que al parecer era de ciencia ficción, y que no teniendo mucha idea de inglés yo mentalmente pronunciaba "Doctor Guo" aunque ya entonces tenía muy claro que la traducción vendría a ser Doctor Qué... (Por cierto, ¿no debería llevar un interrogante al final?). La cosa es que por mucho tiempo estuve deseando ver esa serie. Y entonces llegó nuestra propia autonómica, Canal Sur.

Canal Sur fue como agua de mayo, nos trajo series que nunca habíamos visto, ya fueran series nuevas o reposiciones de series que los más jóvenes apenas recordábamos o bien ni siquiera habíamos nacido cuando se emitieron en España por primera vez. Y así tuvimos el Sherlock Holmes de Jeremy Brett, La Bella y la Bestia protagonizada por Ron Perlman y Linda Hamilton, El Enano Rojo o reposiciones de Star Trek o La Dimensión Desconocida. Y si, efectivamente, tuvimos Doctor Who.

Tom Baker como el cuarto Doctor.
Tom Baker, el cuarto Doctor, el primero que conocimos los españoles.

Aquella personificación del personaje era la de Tom Baker, el cuarto Doctor, una extraña suerte de hermano Marx desconocido, y recuerdo que la serie me parecía muy entretenida. Eso a pesar de que aquejaba del paso del tiempo y de un bajo presupuesto. Cosas como el aspecto de los Daleks resultaba irrisorio. No sé, parecía descarado intentar hacer pasar aquellas cosas por robots malísimos pero bueno, era una serie antigua - aunque no sabía que era de los 60s - y me crie con clásicos de ciencia ficción como Ultimátum a la Tierra, Planeta Prohibido o Invasores de Marte así que tampoco le puse muchas pegas. Así que si, me entretenía y probablemente no me perdí ningún capítulo, aunque tampoco me entusiasmaba especialmente. De hecho la sensación que me daba era que aquella serie la teníamos que ver cuatro gatos, yo no sabía de nadie más que la viera. En aquella época tampoco sabía todo lo que Doctor Who tenía detrás, que fuera una serie de culto en el Reino Unido y tal, todo eso lo fui conociendo a través de revistas de cine y ciencia ficción.

Saltamos en el tiempo hacia finales de la década pasada: se estaban haciendo nuevos capítulos de Doctor Who. La verdad es que me parecía un poco raro que la serie se estuviera haciendo cada vez más popular, entre otras cosas porque estaba segurísimo que si antes de eso hubiera hablado de la serie a según qué amigos precisamente me habrían dicho ¿Doctor qué? y si hubiera podido enseñarles algún capítulo de los de Tom Baker quizás hasta les habría horrorizado. Pero bueno, recuerdo que un familiar más joven había empezado a seguir la serie y hasta usaba "El Doctor" como nick en alguna parte. Algo estaba pasando con Doctor Who.

Christopher Eccleston
Chistopher Eccleston, el noveno Doctor y el primero de la nueva etapa.

Finalmente ha sido en estos últimos meses cuando me he puesto a ver las temporadas de esta nueva etapa y hace unos días terminaba la séptima con el especial cincuenta aniversario. Al principio no me enganchaba pero la verdad es que me ha acabado gustando... con reservas, digamos que tengo sentimientos encontrados.

Ya desde la primera temporada, con Christopher Eccleston en el papel del Noveno Doctor, la impresión que tuve era que en cierto modo Doctor Who no había cambiado tanto. No era Tom Baker, el único Doctor que había conocido, pero seguía teniendo no ya solo ese aspecto de serie de presupuesto modesto sino incluso ese aire de ciencia ficción ligerita más propio de otra época. Algunos alienígenas y monstruos tenían un aspecto algo desfasado pero hay que tener en cuenta que en muchos casos se debe a que aparecieron originalmente en episodios antiguos, de etapas anteriores, que se han convertido en personajes clásicos y forman parte de la idiosincrasia de la serie. En cualquier caso hay que señalar que en los capítulos de esa primera temporada hay variedad en el tono y enfoque de las historias y que son representativas, en cierta medida, del amplio tipo de historias que acabamos encontrando durante toda la serie, de sus virtudes y también de sus defectos.

Billie Piper y Christpher Eccleston como Rose y el Doctor.
Rose Tyler (Billie Piper) y el Doctor.

El tono general de la serie, desenfadado, de ciencia ficción retro, es hasta cierto punto positivo ya que es un tipo de ciencia ficción diferente al que se suele hacer actualmente y en ese sentido es un soplo de aire fresco en el panorama televisivo actual. Por desgracia, ese mismo tono, sabotea con cierta frecuencia la ciencia ficción presente en la serie, con explicaciones que o son poco coherentes o simplemente son extremadamente fantasiosas. Esa fue la razón por la que mi primer intento de acercarme a esta nueva serie se quedó justo en eso, en un intento, ya que el primer capítulo, "Rose", adolecía de ese problema: el concepto de los maniquíes vivientes era simplemente inverosímil. La ciencia ficción y la fantasía son géneros diferentes y el primero exige una cierta coherencia... de lo contrario estaremos hablando de magia. Lamentablemente en esta serie las resolución de situaciones a base de sacarse comodines - que no ases - de la manga es recurrente y al espectador no le queda más remedio aceptar pulpo como animal de compañía.

Otro componente fantástico se hace especialmente patente en torno a la figura del propio Doctor sobre todo a partir de la segunda etapa de la serie, comprendida por las temporadas dos a cuatro y con David Tennant como el décimo Doctor. En dicha etapa la personalidad del Doctor adquiere tintes casi mágicos, se convierte en una especie de fantástico mago desbordante de carisma que aparece para, presuntamente, resolver problemas. Tiene su propia varita mágica, ese destornillador sónico que lo mismo abre una cerradura, que escanea seres vivos o controla dispositivos electrónicos. Además, puede aparecer de pronto en cualquier sitio y situación e inmediatamente ganarse la atención y confianza de todos sin que nadie se plantee demasiado de donde ha salido... aunque sea en una estación espacial perdida en algún lugar remoto. Y es algo a lo que el carisma del propio David Tennant contribuye absolutamente, te lo crees, es un tipo que cae bien. Este halo cuasi mágico que tiene el personaje no sería un problema si no fuera porque los propios guionistas a veces lo sobredimensionan y que es básicamente lo que de hecho lleva al traste la saga con la que termina la tercera temporada: una historia en tres partes donde el Doctor se enfrenta a otro Señor del Tiempo, el Amo, y cuya resolución final, tras un inicio prometedor, debe más a esta cualidad fantástico-mágica que a auténtica ciencia ficción.

David Tennant como el Doctor.
David Tennant, el más carismático Doctor de la nueva etapa.

Además ese halo mágico que desprende el Doctor, especialmente entre sus acompañantes, y que hace que tantos asuman que es alguien en quien depositar alguna fe se contradice con lo que en todo momento estamos viendo: ciertamente el Doctor siempre soluciona el problema principal... pero es raro que en el empeño no mueran algunos de los personajes principales de cada capítulo. De hecho incluso algunos de los propios compañeros del Doctor acaban su periplo de forma innecesariamente trágica, dándonos algunos de los momentos más tristes de la serie. En un episodio, en segundo plano, aparece una especie alienígena, los Oods, cuyo único propósito es servir a los humanos pero no es hasta dos temporadas más tarde que el Doctor se interesa por dicha condición de esclavos.

Creo que es posible que esta contradicción entre lo que ocurre y lo que se supone que el Doctor debe transmitir se debe, al menos en las primeras temporadas, más a la visión mitificada que los propios guionistas tienen del personaje como icono cultural de la televisión británica que a otra cosa. En cualquier caso la propia serie acaba haciéndose cargo de ese aspecto del personaje - quizás como resultado del feedback de la audiencia - como se desprende de un dialogo al final del episodio La Familia de Sangre: "Si el Doctor nunca nos hubiera visitado, si no hubiera elegido este lugar por capricho, ¿habría muerto alguien aquí?"

Freema Agyeman, David Tennant y la Tardis.
Martha Jones (Freema Agyeman), el Doctor y la Tardis.

Las líneas más relevantes en ese sentido pertenecen a un capítulo de la sexta temporada donde el undécimo Doctor le dice a su acompañante: "Olvida tu fe en mi, te llevé conmigo porque soy vanidoso, porque quería ser adorado, mírate gloriosa Pond, la chica que me esperó. No soy un héroe, solo soy un loco con una cabina, y ya es hora de que nos veamos el uno al otro como realmente somos". El Doctor es, en muchos aspectos, un nuevo Peter Pan, un irresponsable que vuela en busca de aventuras llevándose a Wendy con él. Es más, si prestamos atención podemos observar la gran cantidad de veces que los acompañantes del Doctor se salvan no porque él haga algo sino por pura y oportuna suerte.

Este undécimo Doctor es el interpretado por Matt Smith en las temporadas quinta a séptima y su etapa se centra especialmente en los viajes en el tiempo y las paradojas. En realidad no es un tema tan recurrente como cabría esperar en la serie pero ya hay algún capítulo interesante sobre el tema en las temporadas anteriores. La cosa es que es uno de mis temas favoritos dentro de la ciencia ficción, con el cual soy especialmente crítico, y los capítulos de esta etapa me resultan con frecuencia particularmente frustrantes. El gran fallo en esta etapa es clásico en las películas de viajes en el tiempo y es que muchos guionistas no saben trabajar con las paradojas espacio temporales. El caso de Steven Moffat, principal guionista y productor de la serie a partir de la quinta temporada, simplemente me desconcierta. Este hombre es capaz de escribir historias con un tratamiento brillante de la paradoja y a renglón seguido, en el mismo capítulo, mandar toda la coherencia a tomar por saco como si no supiera nada de viajes en el tiempo o realidades alternativas.

Rory (Arthur Darvill), Amy Pond (Karen Gillan) y el Doctor (Matt Smith)

Bien, como dije al principio, tengo sentimientos encontrados con esta serie y es que a pesar de todas esas soluciones mágicas que echan a perder la resolución de más de un capítulo o incluso temporada, a pesar de las incoherencias, la verdad es que igualmente plantea conceptos de ciencia ficción muy interesantes. Y a veces ni siquiera se trata del planteamiento general del capítulo sino incluso de detalles menores, sin una importancia relevante, pero que resultan incluso brillantes.

 Otra cosa a favor es el carisma de los personajes y el trabajo de sus intérpretes, especialmente en el caso de los tres Doctores - sobretodo Tennant - y sus acompañantes. De hecho, los acompañantes son la mayor parte del tiempo tan importantes como el propio Doctor pero es que además, en mi opinión, la etapa de Matt Smith consigue despegar tras la marcha de Tennant gracias a la labor de Karen Gillan en el papel de Amy Pond en el cual demuestra ser una gran actriz.

Por si no ha quedado suficientemente claro, y resumiendo, en mi opinión Doctor Who está bien, los personajes están bien, los actores están bien, los conceptos generales están bien e incluso el tono de ciencia ficción retro está ya no bien sino estupendamente con esos alienígenas que son tipos en trajes de goma, pero le hace falta una mayor coherencia en el tratamiento tanto de los arcos argumentales como los conceptos propios del género.